“Wolfgang Born in Memoriam”, el nacimiento del baloncesto en Infantes.

Wolfgang Born in Memoriam.

Por Juan Carlos Gallego Serrano y Antonio Castellanos Bógalo.

La triste noticia del fallecimiento de Wolfgang Born, nos ha traído de vuelta unos mágicos recuerdos de lo que fue la primera edad de oro del baloncesto infanteño y de cuya leyenda se convirtió en parte principal e inseparable.

Estamos hablando de los años 80, cuando ya hacía diez que el C.F. Infantes era el rey absoluto del deporte local, con su vuelta a las competiciones en 1970, siendo junto al club de ajedrez, el único equipo federado de la época.

Pero a finales de los setenta empezaron a practicar básquet un grupo de animosos aficionados, los cuales, espoleados por su ilusión, decidieron comenzar a competir en la categoría provincial, capitaneados por el popularísimo Javier Ledesma (Javi el Cura) y por el espíritu directivo y emprendedor de Francisco Gigante (Paco Pum), siempre en busca de nuevos retos y que venía de haber fundado el citado club de ajedrez. Como el grupo estaba compuesto de gente social y laboralmente muy activa, pronto pasaron a ocupar un espacio importante en Infantes, y empezaron a tener su público en la pista del Polideportivo Fernando Luna, la cual, por cierto, merece un comentario especial: las legendarias canastas de tubo escupían todo balón que tocara levemente el aro y el aire  las convertía en un “blanco móvil”, circunstancias que explican los bajísimos tanteos que se producían en algunos partidos, con especial relevancia a los paupérrimos porcentajes en tiros libres, que alguna temporada no superaron el 30%.  La otra característica, era la de tener al lado la piscina municipal, sitio al cual, según glosa la épica, se amenazaba con mandar a árbitro y seguidores visitantes, cuando la cosa se ponía caliente, lo que sucedía especialmente contra los equipos de Alcázar (Trinidad, Grupo 76 y Alkasar a la sazón) y por encima todo, con Puertollano, con quien nuestra rivalidad sobrepasó, en muchos casos, los límites de la deportividad.

En este contexto, apareció por nuestra localidad la espigada figura de Wolfgang, que ayudó con su dominio en el poste al boom deportivo y con sus características físicas al auge social de esta primera edad de oro del C.B. Infantes. El “alemán” fue, sin duda, quien mayores leyendas suscitó entre los más jóvenes, que empezaron a acudir en masa a ver los partidos. Además el futuro estaba asegurado, pues como él mismo decía, al ritmo que jugaba (no necesitaba correr demasiado) “podía aguantar perfectamente hasta los cincuenta años”…

…Y era para creérselo, si atendemos a sus aportaciones: ingente cantidad de tapones, estadística en la que rara vez bajaba de diez por partido, gracias a su estatura de 206 centímetros y su característica de defender con las manos caídas, con lo que el rival se confiaba y lanzaba, para de pronto contemplar con incredulidad y espanto como emergían  los dos brazos interminables y el tiro acababa enredado en los dedos del centroeuropeo una y otra vez; rebotes, tanto ofensivos como defensivos y un tiro a corta y media distancia que fue mejorando con el tiempo. No necesitaba correr los contraataques ni hacer exhibiciones físicas para ser el pívot más condicionante tanto de la provincial como de la tercera división cuando se consiguió el ascenso a esa categoría…

…Y es que el grupo atesoraba calidad para complementar al nuevo héroe venido de las estribaciones de los Alpes, ya que los aleros se comportaban como máquinas anotadoras, con la elegancia de Javier Ledesma, tanto lanzando, como entrando a canasta con su perfecto uso del tablero, con la puntería y espíritu ganador de Juan Bautista Pacheco (“botellín Bauti”, ya que según otra leyenda, ingería uno de esos en el tercer tiempo por cada punto suyo anotado en el partido…) que era capaz de encestar desde cualquier posición y tenía la corpulencia suficiente para postear con clase, lo que lo hacía imparable y de hecho, mantuvo con 46 el récord de puntos en un partido del CBI hasta muchos años después de su retirada y con la aportación del junior José Andrés Chaparro, con un físico portentoso que le permitía siendo un alero alto para la época, correr los contraataques con facilidad. Su hermano Juan Chaparro era el pívot que complementaba al alemán, sobrio reboteador, buen defensor y duro en el cuerpo a cuerpo y, por cierto, también jugó de portero en el C.F. Infantes (José Andrés también hizo sus pinitos en el mismo puesto y en un típico caso de lo que son los genes, su hijo Juan, que juega en la actualidad en el Club Baloncesto, también fue guardameta del equipo de fútbol). En el puesto de base el equipo sufría más, alternándose en el mismo Julián Molina, (muy polivalente, pues podía jugar en cualquier posición), Francisco Gigante que pronto pasaría a labores técnicas y directivas, incluso acabando como árbitro y el junior José García (Pepe 40). Luis Medina, los junior Baltasar Molina, Carlos Marco, Fernando Vigas, Serrano de Almedina (Pelé) más el añorado Paco Mata o José Sánchez, también ayudaron al equipo, pero con poca aportación en minutos, algunos de ellos dejaron el grupo al empezar la competición.

De paso se iniciaba el germen de lo que sería la segunda edad de oro, con los primeros equipos de categorías inferiores, si bien los junior eran pocos y se complementaban con los juveniles, mientras que los entonces cadetes, se hicieron más famosos por crear la peña “mucho mucho” (cuyo máximo exponente Juan Fernando Contreras, sí encontró sitio en el equipo) al grito de guerra de sus coetáneos ( “Juanfer Juanfer, nuestro rey” con música de los Looney Tunes). La citada peña se convirtió en otro foco importante del auge y la épica del CBI. Pero sería el equipo infantil el que supondría el verdadero paso adelante en el boom que llevaría a la segunda edad de oro  del baloncesto local, distinta, pero manteniendo una idiosincrasia que nos hace estar orgullosos de la institución: jamás una inversión económica para fichar estrellas, todo partía del grupo de jugadores del pueblo, que siempre eran mayoría y luego se completaba con jugadores que se ofrecían sin afán de lucro.

Por último, destacar el gran auge de los campeonatos de verano, que también ayudaron a mantener el gran ambiente baloncestístico que duraría más de veinte años en Villanueva de los Infantes. Pero la semilla fue de los pioneros y el alemán sembró como el que más.

LA CARRERA DEPORTIVA DE WOLFGANG.

El pasado deportivo de Wolfgang en Alemania fue un auténtico misterio lo que alimentó buen número de leyendas urbanas y exageraciones varias como que jugaba de alero porque había tres jugadores más altos que él en el equipo. Muy discreto y nada vanidoso sólo habló sucintamente de este pasado con su entorno más cercano y sólo unos pocos, Francisco Gigante entre ellos, pudieron ver alguna fotografía de su carrera en el baloncesto alemán. La única pista que tuvimos fue una sudadera de chándal que utilizaba para entrenar de un club llamado Sportbund DJK Rosenheim.

Muchos años después, gracias a internet pudimos arrojar algo de luz, partiendo de ese chándal y para nuestra sorpresa la realidad superó la ficción. El Sportbund DJK Rosenheim en 1975 milita en 4ª división tras dos descensos consecutivos y está en plena renovación, debido a que el núcleo de veteranos se ha retirado y se incorporan al equipo jóvenes de cantera como Wolfgang y una pandilla de juveniles liderados por Armin Andrés, que conseguirían el cuarto puesto en el campeonato nacional de la categoría. Con estos mimbres el Sportbund consigue dos ascensos consecutivos y en la temporada 79/80 se planta en la Bundesliga 2, la segunda categoría del basket alemán. Pese a la juventud de la plantilla acaban en un meritorio sexto puesto.

En la temporada 80-81 se muestran aún más ambiciosos, el objetivo es meterse entre los cuatro primeros y por tanto optar al ascenso a la división de honor. Armin Andrés con solo 20 años es el timón del equipo entrando esta temporada en las convocatorias de la selección absoluta pese a militar en la Bundesliga 2, un caso inédito hasta la fecha; por otro lado nuestro Wolfgang Born se hace con el puesto de center titular: aparte de su altura es un pívot con buena mano, gran envergadura, una intuición extraordinaria para taponar; suficiente para “pelearse” con los pívots americanos de la categoría.

Temporada 80-81, partido entre Rosenheim y Brose Basket, posteriormente Brose sería un club dominante en la Bundesliga y habitual en la Euro League. Wolfgang Born es el dorsal 14.

Esa confianza en Wolfgang hace que el club de Rosenheim fiche a un exterior americano, nada menos que John Britton, el máximo anotador de la Bundesliga 1 la temporada anterior con el Eintracht Frankfurt. La temporada se salda con un quinto puesto y un sabor agridulce, el objetivo de meterse en la fase de ascenso se esfuma.

Un año después Rosenheim, como era de esperar, pierde a su gran estrella Andres que comenzaría una larga carrera en la Bundesliga 1 y en la selección alemana (con el culmen de los JJOO de Barcelona) y Wolfgang Born recibe una oferta de trabajo en un lugar remoto de España a más de dos mil kilómetros de la ciudad bávara…

De Baviera al Campo de Montiel

Como su pasado en el baloncesto alemán, la irrupción de Wolfgang en Villanueva de los Infantes fue igual de misteriosa y discreta. Nos situamos en 1982, el C.B. Infantes afronta su tercera temporada en la Provincial de Ciudad Real y debuta en casa frente al Agrocaja Manzanares.

Nada extraordinario, salvo por un detalle que no pasa desapercibido para los jugadores infanteños: entre el público hay un tipo al que nadie conoce que pasa holgadamente de los dos metros y hojea un libro mientras sigue el partido. Entonces todos piensan que es alguien que ha venido con la expedición manzanareña, pero respiran aliviados cuando comprueban que no juega con los visitantes y no le dan mayor importancia.

Llega el siguiente partido en casa y ¡sorpresa!, ahí está de nuevo este enigmático y enorme espectador, está claro que es alguien que vive por la zona pero nadie tiene ni remota idea de quién es ni de dónde ha salido.

Comienzan las pesquisas con el entrenador y jugadores como detectives y finalmente Javi Ledesma, al parecer tan buen sabueso como sacerdote y músico, consigue descifrar aquel enigma. Se trata de un ciudadano alemán que ha empezado a trabajar como gerente desde hace unos meses en la Finca Puerto de Vallehermoso, a unos 20 kilómetros de Infantes. Javi Ledesma y el entrenador Francisco Gigante se presentan en el despacho de aquel gerente alemán que no sabe una palabra de español y gracias a un intérprete consiguen entablar una conversación en la que el baloncesto es el tema fundamental pues no había ninguna certeza de que supiera jugar; aunque un detalle no se le escapa a Gigante y es que en el despacho hay una fotografía de una plantilla de baloncesto en la que su interlocutor aparece con el dorsal 14. Alea jacta est.

Esta foto es la que vio Paco Gigante en el despacho de Wolfgang, nos imaginamos su sonrisa bajo el bigote al verla.

Sportbund Rosenheim 1980. Wolfgang #14 Armin Andres #6 que tendrá una larga carrera en División de Honor e internacional absoluto con Alemania, Thomas Andres#8 jugó posteriormente en varios equipos de Bundesliga 1 y John Britton #9 máximo anotador de Bundesliga 1 en 1979.

Ahora el problema que se planteaba era ¿cómo fichar a un jugador extranjero?, la primera llamada fue al presidente de la Federación Territorial, Paco Marchante, quien sorprendido, piensa que le están gastando una broma, si bien ante la insistencia de Gigante comprueba que aquello va en serio… es la primera vez que se plantea esta situación, no hay ningún precedente y la legislación no es nada clara al respecto sobre la posibilidad de fichar un jugador extranjero en esta categoría. Así las cosas, será la Federación Española quien decidirá si es posible o no.

Una vez recibida la autorización de la Federación Española se le empadronó en Alhambra, se envió su contrato de trabajo *(1) y se solicitó el transfer internacional a la Federación de Alemania; a día de hoy uno se pregunta cómo se pudieron hacer tales gestiones a través de un teléfono y un traductor… el caso es que el transfer llegó y por fin Wolfgang pudo debutar en la temporada 82-83. Objetivo cumplido, se iniciaban 6 campañas de una gran relación mutua entre el CBI y el bávaro, que, aún teniendo ofertas jugosas, prefirió seguir en Infantes, donde desde el principio se sintió muy a gusto con el grupo. Se iniciaba la leyenda.

*(1) Únicamente los clubes ACB y de Primera B podían contratar jugadores extranjeros, de ahí que se exigiera el contrato de Wolfgang con la Finca Puerto de Vallehermoso como requisito imprescindible para tramitar la ficha. Dos años después se hizo célebre el fichaje de Randy Owens por parte del Juver Murcia cuando militaba en 3ª División, en su caso se utilizó un contrato “dudoso” como conserje de instalaciones deportivas.